Pantalones afilados

Bajo el colchón de su rutina discordante
la señora mishiadura
gusta de planchar los pantalones 
y dejar sólo dos arrugas.
Dos remangos filosos por delante
que hunden cortes de acero en la muñeca
del cuerpo 

que con aire ceremonial ensimismado

los lleva hacia la percha


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