Ulises reencarnado


Cuando comienza el endiosamiento es señal de que la comida se quema. ¿Nunca te inquietaste o te saltaron alarmas cuando lo presenciaste?

Cosas de chicos —se piensa primero—.

¡Pero los chicos deberían crecer!

Nadie es Ulises —piensa uno, finalmente resignado—.

… Las babas de los aduladores son irresistibles.

Llamarle traición a los ideales o a los principios trae aparejada una credulidad inicial. ¿Se entiende? Ni el más duro de los duros deja de reflejar humanidad. ¿Qué otra cosa si no?

Sin que la tripulación lo ate al mástil, cualquier luminaria termina confundida por los cantos de sirena de los hombres corcho, los que nunca parecen necesitar aprender. Y flotan… mucho tiempo.

Puede que se la haya creído por propia vanidad, o porque en vez de atarlo al mástil le ofrendamos tanto amor que lo arrebatamos. Una lástima, porque uno se encariña. Pero si la comida se come al cocinero, sigue el hambre y el ciclo interminable de Sísifo.

Lo que sobrevive dejó de ser guía para quienes lo construyeron. Ahora quiere que todo cambie, pero desde el borde de su persona hacia afuera.

Un conservador de sí mismo.

Que hasta pueda suponer que es por razón de la causa. La propia indulgencia.

Aquello que unía y era inspirador se ha convertido en moneda de especulación. Allí, donde solo deambulan penumbras humanas. Un mundo sin coherencia ni Dios, donde viven los aspirantes al dedo.

Nosotros, sin consistencia en que afirmarnos, acostumbramos a tener ídolos, héroes que actúan por nosotros, y sobre todo que endiosamos imprudentemente.

Las limitaciones cognitivas de la falta de maduración no implican falta de inteligencia; se trata de una etapa, pero no es eterna. En momentos como el de hoy, toca madurar a la fuerza con las virtudes y limitaciones del azar que se tengan.

Sin echar culpas y sin excusas. Es lo que hay.

Invitar a un amigo

Ingresa la dirección de tu amigo: