La mayoría de las veces que busco trabajo, comploto con algún conocido
en la misma situación para enfrentarlo acompañados. Eso sí, el silencio pactado
entre ambos es indispensable para que pongamos en práctica nuestros respectivos
recursos de cábalas y rituales en una sana competencia.
En
mi caso, la principal es la cuenta de
tres, que es mitad creación genuina y mitad copia del Pugliese, Pugliese, Pugliese que invocan mis ídolos musicales para
espantar desgracias. La cuenta para mí tiene dos usos: predicción y protección.
Si
abren la puerta antes de que cuente tres, es porque en este trabajo me toman. Uno,
dos, ¡tres!, ¡pucha no me toman! ¡No, no, no! Tal vez fui demasiado exigente y
realmente había muy poca probabilidad de que alguien abriera la puerta. ¿Pero
será mejor que me tomen o que no me tomen? Eso no lo sé. ¿No resultará que mi conteo interfiere con un
destino mejor? ¡No-no-no! Ya había quedado
que eso del destino no funciona para mí.
Mario
se levantó para ir al baño y me dije: perfecto, puedo concentrarme mejor, pero
justo cuando la cuenta iba en dos volvió a
sentarse. Tuve que hacer todo de nuevo, empezando por la concentración.
Creo
que hay un azar que decide todo… no es muy diferente a creer en Dios; la
coincidencia está en que las personas no podemos tener en nuestras manos el
destino de nuestras vidas, o al menos, si lo tenemos lo ignoramos y por lo
tanto es lo mismo que no tenerlo; la diferencia está en que subsiste la
posibilidad de llegar a hacerlo. En cambio Dios no te da ninguna posibilidad de
decisión, salvo boludeces.
Mi compañero de espera, es creyente. De todas maneras tiene algunas cábalas que
utiliza como refuerzo en situaciones importantes. Cuando se levantó para ir al
baño fue en puntas de pie y dando saltitos. Para no malograr su suerte
debe pisar solo las partes blancas o más claras del piso y en este caso, la
sala de espera solo tiene pequeños cuadrados blancos en la intersección cada
cuatro baldosas oscuras.
A
diferencia de él, no creo en ningún Dios que me proteja, por lo tanto debo
cuidarme solo y esa es una tensión constante. Cuando veo llegar el tren antes
de terminar mi cigarrillo respiro aliviado porque sé que me augura una tarde
sin sobresaltos. Si eso no pasa, estoy inquieto, la ansiedad me revuelve las
tripas ante la probabilidad de un mal momento.
¿Será
que alguien en el mundo no necesita confirmación, amparo?, esa voz que diga:
tranquilo, todo va a estar bien… ¡Tranquilo, todo va a estar bien! ¿Será eso la
falta de Dios? Sin embargo mi experiencia con él no fue buena. De niño creía,
pero no me resultaba tranquilizador, al contrario. Fue cuando más cuernos hice
y más baldosas blancas evité pisar. A diferencia de la cábala de Mario, es mal
augurio si las piso. Algo que me parece más lógico porque el blanco es el color
de la pureza y lo ensuciarían las basuras del piso.
Después
de la religión, pensé que el azar decidía todo a pesar de los esfuerzos
humanos. ¡Bueh! Lamentablemente, ninguno
de los recursos utilizados se ha podido distanciar mucho de mi pasado creyente.
La diferencia es que aquella vez lo compartido con muchos, especialmente con
gente grande y seria, daba veracidad a mi creencia. Hoy estoy solo, apenas
armado con un par de cábalas y predicciones cada día menos confiables.
El
médico me dice que el problema es que tengo que dejar de tratar de controlar lo
que no puedo, que tengo que aceptar eso. Yo no creo que mis ritos sean
para tratar de controlar ¡todo lo contrario! Me siento tan a merced del azar
que apenas busco protegerme.
La
intranquilidad que siento es todavía razonable, pero me da envidia ver como
otros viven totalmente inconscientes de las contingencias que en cualquier
momento pueden abatirse sobre ellos o de sus seres queridos. ¡Claro!, ellos
creen. No como yo que carezco de esa glándula.
Pero
bueno, después de todo no debo acomplejarme. Pensar cómo se piensa no es mérito
propio, es puro contagio. Vaya saber quién me contagió a mí y me llevó a
perder eso que influyó a quienes viven imperturbables como si estuvieran
anestesiados.
Les
bastan unas pocas frases rápidas de la new age, una estampita que nunca pierde
poder o una letanía murmurada entredientes. Si, seguramente así apagan algo que
yo mantengo encendido. Sin salir de sus casas pueden adelantarse el día con el
horóscopo y hasta consultar virtualmente algún personal trainer del alma que les muestre tantos tipos de respuestas y verdades como necesiten.
Para
los menos cómodos, sobrevive a través de los tiempos el sacrificio personal.
Doy algo importante por eso que quiero, algo que realmente me cueste. Mario lo
practica. Camina hasta Luján y el último tramo lo hace de rodillas…
Bueno,
creo que mejor me dejo de divagar y retomo mi método de tres veces tres y si no
sale favorable; en vez de renegar de eso y buscar nuevas pruebas, me preparo
para lo peor. Tengo que ser más
valiente, sólo así quedará claro para mi médico, y para todos, que no soy
ningún controlador.
A
ver… a ver… ¡concentrado! Un-dos-tres... Un-dos-tres... Un-dos… ¡Tres!... ¡No!,
¡parece que no! No me van a tomar. La
puerta no se abrió.
*
* *
Mario llamó esa noche y me contó que casi inmediatamente después que me levanté y me fui,
la puerta se abrió y me llamaron por mi nombre.
—
¿Sabés qué? Te llamaron apenas te fuiste.
—
¿Cómo apenas?
—Tipo
dos minutos. Abrieron la puerta, dijeron tu nombre...
—
¿Y?
—
Como vos no estabas, lamenté por vos haber tenido que pasar porque me
contrataron. Y por un sueldo importante…
Me
quedé pensando que tal vez mi método al haber desfavorecido mi bolsillo, haya
sido sabio y me protegió de un lugar poco conveniente para mí.